Aunque la incidencia general accidentes cerebrovasculares (ACV) ha disminuido en Estados Unidos en comparación con los datos de hace 27 años, los adultos jóvenes tienen hoy una mayor probabilidad de sufrir estos eventos cardiovasculares, revela un “amplio estudio poblacional” realizado por la Universidad de Cincinnati.
Un equipo de investigadores liderado por científicos de Universidad analizó datos sobre la incidencia de ACV para comprender cómo han evolucionado estos eventos cardiovasculares con el tiempo. Los resultados fueron publicados en la revista Neurology.
Estos examinaron los casos de ACV que requirieron hospitalización en la región de Greater Cincinnati y Northern Kentucky durante seis períodos: julio de 1993 a junio de 1994, y los años calendario 1999, 2005, 2010, 2015 y 2020.
Se informó que estudios previos habían mostrado que la incidencia global de ACV disminuyó durante los 27 años analizados. Sin embargo, el nuevo análisis reveló que los accidentes cerebrovasculares se han vuelto más frecuentes entre los adultos jóvenes de 20 a 54 años.
Resultó que la tasa aumentó de 33.9 casos por cada 100,000 persona-años en 1993-1994 a 62.2 casos por cada 100,000 persona-años en 2020.
Además, la mayoría de los ACV en adultos jóvenes fueron de tipo isquémico. Su incidencia pasó de 23.8 casos por cada 100,000 persona-años en 1993-1994 a 47.3 casos por cada 100,000 persona-años en 2020.
Se cita a David Robinson, MD, profesor asistente del Departamento de Neurología y Medicina de Rehabilitación de la Universidad de Cincinnati y autor principal del estudio, que explicó que «hemos observado una clara disminución en el número total de personas que sufren un ACV, lo cual refleja el éxito de los esfuerzos de salud pública dirigidos a prevenir esta enfermedad. Sin embargo, aunque el número total disminuyó, las personas que sufrían estos eventos eran cada vez más jóvenes.»
Afirmó que el estudio permitió analizar de forma más detallada los ACV en personas jóvenes durante un período muy prolongado. “Consideramos que cualquier cambio en este grupo de edad es especialmente importante. Un ACV es devastador a cualquier edad, pero representa un desafío aún mayor en personas jóvenes, que suelen estar en plena etapa laboral y muchas veces tienen familias jóvenes a su cargo.»
El principal autor del estudio reconoce, sin embargo, que probablemente no exista una explicación única para esta realidad.
«No hay duda de que varios factores de riesgo tradicionales para el ACV están aumentando entre los adultos jóvenes, incluidos la hipertensión arterial y la diabetes, algo que también observamos en nuestra población de estudio”, sostuvo.
Mencionó además la obesidad y los estilos de vida sedentarios, que afirmó se han vuelto mucho más frecuentes durante las últimas tres décadas, por lo que ello podría contribuir a los hallazgos.
Los investigadores también observaron un aumento considerable en el consumo de sustancias ilícitas.
¿Qué pueden hacer los adultos jóvenes para reducir su riesgo?
Para ello Robinson recomienda seguir las pautas de la Asociación Americana del Corazón (AHA), conocidas como «Life’s Essential 8», que incluyen:
- Controlar la presión arterial.
- Evitar el consumo de tabaco.
- Mantener una alimentación saludable.
- Dormir adecuadamente.
- Controlar la glucosa en sangre.
- Mantener niveles saludables de colesterol.
- Controlar el peso corporal.
- Permanecer físicamente activo.
Resaltó la importancia de detectar la hipertensión arterial de forma temprana. «La prevención sigue siendo nuestra mejor herramienta. Si tuviera que recomendar una sola cosa, sería aprovechar cualquier oportunidad para evaluarse la presión arterial, ya que la hipertensión suele ser asintomática en sus etapas iniciales y puede causar mucho daño antes de ser diagnosticada.»
Se enfatizó que todas las personas deberían conocer los síntomas de alarma de un ACV, entre ellos:
- Caída repentina de un lado del rostro.
- Debilidad súbita en un brazo.
- Dificultad para hablar o comprender el lenguaje.
Estos síntomas requieren atención médica inmediata, independientemente de la edad de la persona. «Un tratamiento rápido puede preservar la función cerebral y mejorar significativamente los resultados.»

