Una nueva declaración científica del American College of Cardiology (ACC) insta a los médicos a situar el ejercicio en el centro de la atención cardiovascular, destacando que la actividad física regular puede ser tan importante como muchos tratamientos convencionales para prevenir y controlar las enfermedades del corazón.
La nueva declaración científica fue publicada en el Journal of the American College of Cardiology (JACC), y sostiene que el ejercicio debería prescribirse junto con otros tratamientos cardiovasculares para ayudar prevenir y controlar las enfermedades cardíacas.(Exercise Prescriptions for Cardiovascular Health in Adults: 2026 ACC Scientific Statement: A Report of the American College of Cardiology)
Sostiene el documento que una baja aptitud cardiorrespiratoria, es decir, una menor capacidad del organismo para transportar oxígeno a los músculos durante la actividad física sostenida, predice el riesgo futuro de enfermedad cardiovascular en una magnitud comparable a factores ya reconocidos como:
- El tabaquismo.
- La hipertensión arterial.
- El colesterol elevado.
- La diabetes.
Destacan, por otro lado, que la actividad física regular, los programas de ejercicio estructurado y la mejora de la condición física cardiorrespiratoria pueden:
- -Aumentar la capacidad para realizar ejercicio.
- -Reducir las hospitalizaciones.
- -Mejorar la calidad de vida.
Por qué incluso pequeñas cantidades de ejercicio marcan la diferencia
Indican que, a pesar de la sólida evidencia científica, el ejercicio todavía no se incorpora de forma sistemática en la práctica clínica cardiovascular. Por ello, el ACC propone que los profesionales sanitarios otorguen al ejercicio un papel mucho más relevante dentro de los planes terapéuticos.
Además, la declaración subraya un mensaje especialmente importante: no es necesario alcanzar los famosos 10.000 pasos diarios para obtener beneficios para la salud. Los datos muestran que aproximadamente entre 5.000 y 7.000 pasos al día ya se asocian con mejoras significativas y reducciones importantes de la mortalidad cardiovascular y general en muchos adultos.

Esto es particularmente alentador para las personas sedentarias, ya que sugiere que establecer objetivos alcanzables puede ser más útil que intentar alcanzar metas muy exigentes desde el principio.
Jonathan Myers, doctor en Ciencias y presidente del comité encargado de redactar la declaración, resumió el mensaje central:
«El mensaje más importante es que el ejercicio debe considerarse una parte fundamental de la atención cardiovascular, no simplemente una opción de estilo de vida.»
Destacó que la evidencia es abrumadora:»La actividad física regular mejora la salud cardiovascular, reduce el riesgo de enfermedades crónicas y ayuda a las personas a vivir más tiempo.»
«Prescribimos habitualmente medicamentos para controlar la presión arterial, el colesterol y la diabetes, pero a menudo no prescribimos una de las intervenciones más efectivas que tenemos disponible: la actividad física.»
Advirtió que «no es necesario correr maratones ni apuntarse a un gimnasio para obtener beneficios. Incluso aumentos modestos de la actividad diaria pueden producir mejoras significativas en la salud. La clave es encontrar actividades agradables, alcanzables y sostenibles.»
¿Qué debería incluir una receta de ejercicio según esta declaración?
1. Planes individualizados
Las recomendaciones deben adaptarse a:
- La enfermedad cardiovascular específica de la persona.
- Su capacidad funcional.
- Sus síntomas.
- Sus objetivos terapéuticos.
- Sus preferencias personales.
El objetivo es crear un plan realista y sostenible a largo plazo, en lugar de aplicar recomendaciones idénticas para todos.
2. Combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza
Para la mayoría de los adultos, el entrenamiento de fuerza debería complementar al ejercicio aeróbico.
Los ejercicios aeróbicos, como caminar o montar en bicicleta, ayudan a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria.
Por otro lado, los ejercicios de resistencia contribuyen a desarrollar y mantener la fuerza muscular.
Ambos tipos de ejercicio aportan beneficios distintos y complementarios.
La declaración indica que la mayoría de las personas sin síntomas y clínicamente estables no necesitan realizar pruebas de esfuerzo antes de comenzar a aumentar su actividad física.No obstante, estas pruebas pueden ser útiles cuando los profesionales sanitarios necesitan diseñar una prescripción personalizada o evaluar con precisión la capacidad física de un paciente.
Las personas con enfermedades cardiovasculares diagnosticadas o síntomas cardíacos deben consultar con su equipo médico antes de iniciar o modificar su programa de ejercicio, recalcan.
Mensaje clave
El mensaje principal de esta declaración es claro: el ejercicio debería tratarse como una auténtica prescripción médica para la salud cardiovascular.
