La dermatitis atópica (eccema) es una afección que hace que la piel se seque, pique y se inflame. Es común en los niños pequeños, pero puede manifestarse a cualquier edad. Es duradera (crónica) y suele empeorar periódicamente. Puede provocar irritación, pero no es contagiosa.
Un artículo de Mayo Clinic ofrece esta descripción y afirma que las personas con dermatitis atópica corren riesgo de tener alergias alimentarias, rinitis alérgica y asma.
Humectarse con regularidad y seguir otros hábitos de cuidado de la piel puede aliviar la picazón y prevenir nuevas exacerbaciones(brotes). El tratamiento también puede incluir ungüentos o cremas medicinales, señalan.
La literaturas sobre el tema sostiene que sus síntomas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y varían considerablemente según la persona. Pueden incluir piel seca y escamosa, parches engrosados o descoloridos, y picazón intensa que puede provocar infecciones. Las personas con piel más oscura pueden presentar manchas de hiperpigmentación o hipopigmentación.
Aunque no existe una cura, los tratamientos pueden ayudar a controlar los síntomas y prevenir brotes. Estos incluyen cremas tópicas, medicamentos orales, fototerapia y remedios caseros. También es importante identificar y evitar los desencadenantes, como irritantes, alérgenos y temperaturas extremas.
Esta condición, se informa, afecta a 31.6 millones de personas en Estados Unidos, lo que representa casi el 10% de la población.
Aunque no se conoce una causa exacta del eccema, se cree que surge de una combinación de factores genéticos y ambientales. Los niños tienen más probabilidades de desarrollar eccema si uno o ambos padres lo padecen o tienen condiciones atópicas como asma o rinitis alérgica.
Los factores ambientales que pueden desencadenar síntomas son los Irritantes: jabones, detergentes, champús, desinfectantes, jugos de frutas, carnes y vegetales. También los alérgenos: ácaros del polvo, mascotas, polen y moho.
A estos se unen los microbios: bacterias como Staphylococcus aureus, virus y hongos; las temperaturas extremas; alimentos tales como productos lácteos, huevos, nueces, soya y trigo y las hormonas, ya que se afirma que las mujeres pueden experimentar brotes durante el embarazo o el ciclo menstrual.
Otras publicaciones ofrecen detalles sobre los medicamentos comunes para tratar la condición y entre estos mencionan las cremas y ungüentos con corticosteroides; medicamentos orales con corticosteroides sistémicos o inmunosupresore; antibióticos: si hay infección bacteriana; antihistamínicos; inhibidores tópicos de calcineurina; hidratantes; y fototerapia, que es la exposición a rayos UV para casos moderados.
Estos tratamientos buscan sanar la piel afectada y prevenir brotes. El plan de tratamiento depende de la edad, síntomas y estado de salud del paciente. En algunos casos, el eccema desaparece con el tiempo; en otros, es una condición crónica.
Hay cuidados en casa que pueden ayudar a aliviar los síntomas. Estos incluyen:
- Tomar baños tibios (no calientes).
- Aplicar hidratante dentro de los 3 minutos después del baño.
- Usar ropa de algodón y evitar telas ásperas o ajustadas.
- Usar humidificador en clima seco o frío.
- Usar jabones suaves o limpiadores sin jabón.
- Secar la piel con palmaditas, no frotar.
- Evitar cambios bruscos de temperatura y actividades que causen sudor.
- Identificar y evitar los desencadenantes personales.
- Mantener las uñas cortas para evitar lesiones por rascado.
Entre los remedios naturales:
- Aloe vera: propiedades antiinflamatorias y antibacterianas.
- Aceite de coco: hidrata y protege la piel.
- Vinagre de manzana: puede ayudar, pero debe diluirse antes de aplicarlo.
- Baños con avena coloidal: calman la piel.



