Puerto Rico registra un aumento significativo en la incidencia de cánceres asociados a la obesidad según un nuevo estudio preparado por la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico (UPRCCC).
Las personas con obesidad presentan un riesgo mucho mayor de desarrollar cáncer, que va desde un aumento del 10% hasta un incremento de siete veces en el riesgo en múltiples tipos de cáncer, en comparación con individuos sin obesidad, explicó Carola T. Sánchez-Díaz, MS, PhD, investigadora asistente en la mencionada entidad ante la 18.ª Conferencia de la American Association for Cancer Research (AACR).
Los cánceres asociados a la obesidad, según la definición de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, incluyen cáncer de esófago, cáncer de estómago superior, cáncer colorrectal, cáncer de hígado, cáncer de vesícula biliar, cáncer de páncreas, mieloma múltiple, cáncer de seno en mujeres posmenopáusicas, cáncer uterino, cáncer de ovario, cáncer renal, meningioma y cáncer de tiroides.
El estudio encabezado por Sánchez-Díaz evaluó la incidencia y las tendencias de los cánceres relacionados con la obesidad en Puerto Rico entre 2000 y 2022, utilizando datos del Registro Central de Cáncer de Puerto Rico.
Sus resultados indican que de 2000 a 2022, la incidencia de cánceres relacionados con la obesidad aumentó significativamente, con un cambio porcentual anual promedio (AAPC) de 1.4%, mientras que los cánceres no relacionados con la obesidad se mantuvieron estables.
Se resalta el hecho de que en 2023, la prevalencia general de obesidad en Estados Unidos y sus territorios rondaba el 20%. En Puerto Rico, sin embargo, la prevalencia de obesidad superó el 36%, convirtiéndolo en una de las jurisdicciones con las tasas más altas.
Sánchez-Díaz explicó que el contexto social y ambiental único de la isla —incluyendo crisis económicas, fallas de infraestructura, desastres naturales como el huracán María y los terremotos, y la pandemia de COVID-19— pudo haber influido en los comportamientos de estilo de vida.
Estas interrupciones pueden restringir el acceso a pruebas de detección de cáncer, atención médica, alimentos nutritivos y espacios seguros para la actividad física, lo que incrementa el riesgo de obesidad.
Entre 2000 y 2022, las mujeres menores de 50 años presentaron el mayor aumento en cánceres relacionados con la obesidad, con un AAPC de 4.9% en el grupo de 30 a 39 años y de 4.6% en el grupo de 40 a 49 años. “Es sumamente preocupante encontrar que las mujeres menores de 50 están experimentando los aumentos más significativos en cánceres relacionados con la obesidad”, señaló Sánchez-Díaz.
El estudio encontró que entre 2018 y 2022 se reportaron en total 35,468 casos de cánceres asociados a la obesidad, correspondientes a una tasa de incidencia ajustada por edad de 213.18 por cada 100,000 habitantes.
La tasa de incidencia ajustada por edad entre 2000 y 2017 fue de 193.66 por cada 100,000 habitantes, lo que podría reflejar el efecto de desastres naturales como el huracán María y la pandemia de COVID-19 en la incidencia de estos cánceres. Sin embargo, se necesita más investigación para evaluar plenamente el impacto de estos eventos.
Ante estas tasas elevadas de obesidad, el equipo de Sánchez-Díaz y colaboradores en el UPRCCC buscan determinar si estos factores están contribuyendo al aumento desproporcionado de los cánceres asociados a la obesidad observado en la isla.
Se explicó que entre los hombres menores de 40 años, los mayores incrementos fueron en cáncer de tiroides (AAPC: 7.5%), cáncer renal (AAPC: 4.4%) y cáncer colorrectal (AAPC: 4.0%). Entre las mujeres menores de 40, los mayores aumentos se observaron en cáncer de tiroides (AAPC: 6.1%), cáncer colorrectal (AAPC: 5.0%) y cáncer uterino (AAPC: 4.9%).
Las mujeres de 40 a 49 años presentaron incrementos significativos en cáncer de páncreas, cáncer renal y cáncer de ovario, mientras que los hombres del mismo grupo etario mostraron aumentos en mieloma múltiple.
Sánchez-Díaz explicó la necesidad de comprender los desafíos únicos que enfrentan los puertorriqueños y de desarrollar políticas públicas que fomenten estilos de vida más saludables, resaltando que las pruebas de detección del cáncer son esenciales para la detección temprana, especialmente en estos grupos de menor edad.
“Nuestro propósito es demostrar que Puerto Rico tiene un contexto e historia únicos que no pueden generalizarse a partir de los datos del territorio continental de Estados Unidos”, añadió

