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¿Es realmente reflujo el problema?

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Una investigación sobre el manejo de las afecciones gastrointestinales levantó serias interrogantes sobre la frecuencia con que se recetan los medicamentos conocidos como inhibidores de la bomba de protones (IBP)  (Proton pump inhibitors)

La encuesta fue encargada por The Functional Gut Clinic, une entidad del Reino Unido, y concluyó que muchas personas reciben IBP para la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), más conocida como acidez o reflujo ácido crónico, sin someterse a pruebas formales que confirmen la enfermedad.

Los hallazgos resultaron en que el 92% de las personas que toman IBP no han tenido pruebas adecuadas para confirmar si realmente tienen ERGE. Esto significa que muchas podrían estar tomando medicamentos para reducir el ácido durante años sin necesitarlos, lo que puede tener consecuencias para la salud.

La importancia de ese hallazgo es que el uso excesivo de IBP puede alterar el equilibrio del microbioma intestinal, reducir la capacidad del cuerpo para absorber nutrientes y enmascarar problemas subyacentes que podrían convertirse en afecciones más graves.

Un portavoz de la mencionada entidad, el profesor Anthony Hobson, de The Functional Gut Clinic y presentador de The Functional Gut Diaries, explica que para la mayoría de los pacientes encuestados, suele ser un caso de “primero la receta, nunca el diagnóstico”.

Indicó que “los pacientes describen años de síntomas, mínima intervención especializada y uso indefinido de IBP —a menudo durante cinco o diez años, incluso décadas en algunos casos.”

El detalle de los hallazgos resulta en que el 92% de los participantes habían recibido IBP, y el 84% seguía con recetas repetidas. Más de la mitad (56%) los había tomado durante más de dos años, un tercio (34%) por más de cinco años y uno de cada cinco por más de diez años.

Se estableció que un tercio de los pacientes nunca ha visto a un gastroenterólogo; otro tercio solo una vez; y solo el 15% ve a un especialista regularmente.

Solo el 8% de las personas encuestadas —incluso quienes usan el medicamento a largo plazo— se han sometido a pruebas diagnósticas adecuadas, como la monitorización del pH, que mide cuánto ácido hay en el esófago.

Subrayan los investigadores que la British Society of Gastroenterology (BSG) afirma que la monitorización del pH es la única forma fiable de diagnosticar reflujo ácido patológico. Un diagnóstico basado únicamente en la historia clínica o la respuesta a IBP no es suficiente para confirmar ERGE.

Hobson agregó que la investigación pone de relieve la falta de pruebas adecuadas en el diagnóstico actual de ERGE.

“La gran mayoría de los pacientes con IBP son tratados solo por sospecha clínica —porque sus síntomas parecen coincidir. Muy pocos se someten a monitorización del pH u otras pruebas objetivas. En muchos casos, el tratamiento a largo plazo se inicia tras una breve consulta con el médico de cabecera, sin intervención especializada ni confirmación diagnóstica.”

Según estimaciones basadas en experiencia clínica y datos de la encuesta, al menos el 30% de los usuarios a largo plazo de IBP podrían no tener reflujo ácido confirmado. Eso significa millones de personas medicadas para una afección que quizá no padecen. I

Ofrecen dos recomendaciones para manejar esta condición:

  • En atención primaria: mayor conocimiento sobre alternativas no farmacológicas (evitar alimentos desencadenantes, reducir alcohol).
  • En atención secundaria: mejores diagnósticos. Una evaluación precisa permitiría tratamientos más racionales y efectivos.

Repensar la prescripción a largo plazo de IBP

Se concluye que, con la creciente conciencia sobre los riesgos del uso prolongado de IBP, esta investigación plantea preguntas importantes sobre cómo se recetan estos medicamentos. A medida que se busca reducir prescripciones innecesarias y mejorar la precisión diagnóstica, es necesario reevaluar las prácticas actuales.

“Es un llamado de atención para garantizar que las personas no sean medicadas para afecciones que no tienen. Después de todo, los pacientes deben sentirse seguros de que su tratamiento es el adecuado, no quedarse preguntando si alguna vez fueron diagnosticados correctamente”.

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